Por Sergio Llauger // Fotos de Henar de Torres

Miguel Sestelo es bailarín, Drag Queen, organizador de eventos y una obra de arte que camina por Vigo como quien camina por la alfombra roja. Desde hace un año él y su equipo han organizado las mejores fiestas que se recuerdan en Vigo, “Akelarre“. Un lugar donde la gente baila, grita, ríe, llora y saca a la luz lo que el día a día no le deja sacar.

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¿Cómo y por qué nace Akelarre?

El proceso de creación de la idea principal duró meses, macerando el concepto con mucho cariño e ilusión. Akelarre nace de la necesidad de crear un espacio donde poder desnudar el alma y librarte de los tapujos de la vida cotidiana.

Has trabajado como drag queen en sitios como Ibiza y Londres ¿Que cosas has aprendido en esas fiestas que te hayan ayudado a montar Akelarre?

Sí, soy muy afortunado. Mi primer trabajo fue estrenando la tarima en Hï Ibiza que está en los charts como mejor club del mundo. En fin de año estuve en Printworks en Londres. Las referencias son infinitas. Poder trabajar durante temporadas enteras y seguir viajando con los mejores productores de eventos y los mejores Dj’s a nivel mundial como Roger Sánchez o Honey Dijon te estimula muchísimo. Creo que lo más importante es que el equipo se sienta a gusto y se divierta. Y con el equipo hablo de los Dj’s, del personal de limpieza, de seguridad, todo el mundo. Es esencial para que haya una buena atmósfera de trabajo y poder hacer llegar ese sentimiento a la audiencia.

¿Por qué todos los Akelarres han sido en La Iguana?

Porque todavía no nos hemos ido de tour (risas). No, realmente la energía de esa sala es muy fuerte. Te envuelve y te seduce. Allí tocaron iconos como Green Day, el foco está en el escenario, hay neones por toda la sala, sofás de cuero rojo y las barras están cubiertas de animal print. I loved. Es una sala hermosa y muy underground. A mi es lo que más me gusta. Además el personal es maravilloso. El de seguridad, las camareras, el encargado de sala y el dueño hacen justicia a la iconicidad del local.

¿Qué nos podemos encontrar en un Akelarre?

Una estética de sala oscura y brillante. Desde la cuarta edición tenemos a la Harakirina formando parte del equipo y llevando la estética del club. Lo que es lo más porque ves un cuadro de ella y te da un viaje a un lugar precioso. También te puedes encontrar un equipo de gogós y Drag Queens maravilloso, que nunca quieren parar de bailar y sudar, y tres Dj’s dando la mejor combinación musical de Disco, House, Techno y Bigroom.

¿Qué está y qué no está permitido en un Akelarre?

Es fácil, todo lo que no atente contra la libertad de un individuo o un colectivo es viable dentro del Akelarre. El respeto es básico y es un lugar de libre expresión y creatividad siempre dentro de los límites del respeto hacia los demás. Quiero aprovechar la ocasión para hacer saber que a partir de ahora no está permitido grabar vídeos y/o tomar fotos dentro de la fiesta si no eres parte del personal autorizado. Es inviable en un lugar donde sentirse seguro para expresarse sin tapujos que nadie se vea expuesto sin su consentimiento.

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¿Creéis que estáis activando la escena de fiestas Queer en Galicia?

Absolutamente, toda persona Queer que salga a la calle aunque sea para comprar el pan lo está haciendo. La gente te mira y no toda de la misma manera. Alguna te admira, otra te odia y los demás no entienden nada porque se cuestionan todo. Eso es activar una escena, hacerla presente y darle vida. Somos una manifestación en nosotros mismos. Ser Queer es ser una obra de arte.

El Akelarre te explota la cabeza. Hay quien me confesó que le sirvió de inspiración y motivación para montar su propia fiesta. Lo que es alucinante y hermoso. Pero lo más bonito sucede cuando quien viene deja de pensar, conecta y solo puede sentir y viajar con nosotros. Me paró gente por la calle para decirme que lloró de felicidad al vivir el Akelarre, que fue la mejor fiesta en la que jamás soñó estar. Eso es una pasada porque lo que de verdad queremos activar es el amor, que lo siento muy olvidado en nuestra generación y más todavía en las que están por llegar. Saber que esas personas lo han sentido con nosotros es un sueño. Es lo que más me llena de ganas de seguir adelante con el proyecto.

¿Cuándo será el próximo Akelarre?

Tenemos fecha pero todavía no puedo anunciarla.

Por Carlos Sastre

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23 de noviembre de 2019. Una atmósfera expectante reina entre las butacas del Café Berlín. La camarera se desliza sigilosamente entre las mesas, dispensando las últimas cervezas. En el escenario, apenas un teclado, un pie de micro y una luz cenital que se ha vuelto más tenue, como anticipando la llegada de la artista. Esta no se hace esperar y sale de entre bastidores mientras se desata una cálida ovación que pronto se apaga mientras ella toma su sitio frente al teclado. Toda la sala toma aire para, con los primeros acordes de Taipei, sumergirnos en el universo de Ganges.

Durante un tiempo indeterminado, una bruma onírica nos envuelve y flotamos mecidos por los bajos profundos y la voz dulce de Tere. Boy Love Amor, el último trabajo de Ganges, se va desgranando poco a poco en una presentación que nos deja como en trance. De este se encarga de sacarnos el portero del Café Berlín, al que con su aspecto de ex-militar albano-kosovar no le resulta difícil desalojar a las más de 200 personas antes del siguiente concierto.

Tras la vuelta a la realidad, podemos charlar con Tere sobre Ganges, ese proyecto que comienza a tomar formar allá por el 2015 y que acaba de editar su segundo disco.

 

Por dar un poco de contexto… háblanos de Ganges antes de Boy Love Amor.

Es algo que se fue fraguando poco a poco, desde la primera vez que me subí a tocar en un escenario en mi colegio mayor. Poco a poco, comenzaron a salir los primeros temas y empezó a dibujarse en mi cabeza la idea del proyecto. Esas primeras canciones se las enseño a Álvaro, Jorge y Manu, les mola la propuesta y se acaban sumando. Más tarde ellos acabarían saliendo pero entonces todo estaba empezando a rodar. A través de un crowdfunding, conseguimos fondos para grabar primer EP, Lost Æsthetics, en el estudio El Invernadero de Brian Hunt.

Luego, en el verano de 2017 vivimos una época muy intensa. Quedamos finalistas del Proyecto Demo (organizado por Radio 3 y el FIB) y del concurso de bandas del DCODE. Además, ganamos el concurso de bandas del Mad Cool, que nos permitió tocar en ese festival.

 

¿Cómo fue aquello de tocar en el Mad Cool? ¿Crees que fue un salto cualitativo?

Ganar el concurso del Mad Cool fue una inyección de confianza en el proyecto. Acabábamos de sacar el EP, y tocar en un festival del nivel de Mad Cool fue la confirmación de que a alguien le interesaba lo que hacíamos. A nivel de audiencia creo que nos dio menos visibilidad de la que cabría esperar. Al final estás perdido en un mar de bandas, aunque de algún modo sientes que ya apareces en el mapa. Luego vendrían otros festivales como el SXSW en Austin o el Primavera Sound…

Luego vino el primer disco, homónimo al proyecto.

Era el paso lógico, el elemento que nos quedaba para sentir que éramos una banda al uso, más madura. Lo editamos con Luup Records, a los que conocimos a través de Pavvla, tras a ir a un concierto suyo.

 

En otras entrevistas de los pasados dos años, relacionan mucho a Ganges con The XX, Chet Faker e incluso Lana del Rey. ¿Te sigues identificando con estas referencias?

Creo que el proyecto está evolucionando, y a estas referencias se le suman muchas otras, y aportaciones propias, claro. Al final, ligar Ganges a artistas conocidos responde más a una necesidad, entendible, de poner etiquetas y colocar rápido a una banda en una categoría.

 

Tras esos comienzos, afrontas la creación de tu nuevo disco, con muchos cambios respecto al anterior. El primero, que te quedas sola en la formación. ¿Cómo cambio el enfoque en el proceso creativo en solitario?

Afortunadamente, siempre he llevado gran parte del peso de la composición. Es cierto que antes existía una dinámica de banda que ayudaba a terminar de cerrar los arreglos y encontrar el sonido con el que nos sentíamos cómodos. Con la salida de Álvaro y Jorge, ese proceso lo llevo yo sola, lo que me obliga a trabajar mucho más las canciones. He descubierto que disfruto mucho de ese proceso y que me está ayudando a madurar mucho como compositora.

 

Y en los directos, pasas a ser one-woman band…

Esa parte ha resultado bastante más dura. De estar arropada por una banda a estar sola, expuesta completamente al público. En mi primer concierto en solitario en Casa Corona, Valencia, estaba como un flan. Sin embargo, como en todo, vas cogiendo tablas, te enfrentas a ello y sigues adelante.

 

El otro gran cambio es que el disco pasa a estar completamente en castellano.

Ganges empezó como un proyecto en inglés, y cambiar al castellano fue difícil al principio. El inglés es un idioma muy sencillo a la hora de rimar, y por alguna razón es más fácil que las cosas queden bien. El castellano se entiende de forma muy literal en ocasiones, y puede resultar más difícil construir metáforas, que son el principal ingrediente de mis letras.

Me ha costado cambiar el chip pero creo ha sido para mejor. Me resulta más fácil ahora contar una historia a través de las canciones y la gente conecta más y se aprende las letras con facilidad… A día de hoy ya estoy más cómoda componiendo en castellano que en inglés.

 

Para quien no haya oído hablar de tu proyecto, ¿cuál es la mejor puerta de entrada al universo Ganges?

Sin duda los videoclips. Creo que permiten comprender el proyecto en su totalidad, desde la música a la propuesta visual. Más que nunca, hoy es vital ofrecer una experiencia audiovisual total. Los artistas, en plataformas como Instagram, ya no ofrecen solo su música, sino también una estética e incluso una narrativa. Por ejemplo, cuando escucho a Cigarettes After Sex me meto completamente en su mundo en blanco y negro. Lo mismo pasa, de forma más exagerada, con la estética trapera. Yo tengo la suerte de contar con Juanjo Marbai, que se está currando esta parte y le está dando una coherencia brutal al proyecto en la parte visual.

 

Aprovechando que has sacado el tema de Instagram: hoy día parece cada vez más fácil hacerse conocer a través de las redes sociales, aún sin casi recursos detrás. A la vez, ya no hay barreras de entrada, hay más competencia… ¿Cómo vives tú todo esto?

Es cierto que hay mucha más oferta, y que es más fácil llegar al público a través de estos medios. Pero yo no creo que el espacio que ocupa cada nueva propuesta se lo esté quitando a otra. Al contrario, un proyecto con inquietudes similares al mío puede acabar dándome a conocer a mí también. Lo mismo pasa si alguien de mi misma discográfica toca la tecla adecuada y empieza a despegar, eso redunda en beneficio de todos los que formamos parte de ella.

Por otro lado, creo que sigue existiendo cierta justicia entre todo este ruido. Si un proyecto es bueno y merece ser escuchado, de algún modo u otro acaba siéndolo, aunque quizás no a un nivel que te permita vivir de ello con holgura… Aquí sigue habiendo, como siempre en este mundo, un factor suerte con el que tienes que vivir.

Personalmente considero también muy importante ser autocrítico con tu proyecto. Yo me miro al espejo continuamente. Si una de mis canciones no está funcionando como esperaba, pienso que quizás el problema es mío, que algo no ha terminado de cuajar y el público no conecta…

 

De algún modo las redes están democratizando el arte: es el público el que elige, sin el filtro de la discográfica, editorial…

Bueno, tampoco nos engañemos. Con una campaña de 50.000 euros detrás vas a llegar a muchísima más gente, seguro. Una discográfica potente tiene el poder de aupar a alguien, en quién ha visto algo especial, en tiempo récord. Sin desmerecer a estos perfiles, yo admiro mucho a los artistas que empezaron de cero, tocando en salas pequeñas con cuatro gatos. Hay un sacrificio enorme detrás de eso. De todos modos, por Navidad he pedido esa campaña de 50.000 euros…

Siempre te ha interesado dar visibilidad a artistas emergentes. Antes incluso de embarcarte en tu proyecto, en Música entre sofás dabas a otros un espacio donde tocar, atraías un público… ¿sigues involucrada en este tipo de iniciativas?

Lo de Música entre sofás fue algo curioso, un proyecto muy ilusionante, que iniciamos sin saber de la existencia de Sofar, aunque hacíamos prácticamente lo mismo. Fue una etapa bonita, aunque ahora mismo ya no participo como organizadora. Sí he participado desde el otro lado. Hay algún vídeo por YouTube de Ganges tocando con Sofar.

 

Es tu oportunidad para visibilizar a artistas que crees que merecen la pena.

Primero os tengo que recomendar los dos proyectos de mi amiga Gabi (que además ha colaborado conmigo en Ashes), con sus dos proyectos Mow y Casero. De Galicia también están saliendo cosas muy chulas, como Sen Senra y Blanco Panamera. De Madrid deberíais seguirle la pista a Astro Fonda. Y de Barcelona están Cor Blanc, compañeros de Luup Records, que se merecen mucho ser escuchados!

Otra cosa que me gustaría visibilizar es algo que está consumiendo muchas horas de mi vida, el Mukbang: básicamente, vídeos de coreanos comiendo. Os lo recomiendo.

 

¿Dónde podremos verte próximamente?

Hay varias cosillas a medio cerrar que no puedo anunciar, pero de momento presento disco el 7 de febrero Barcelona en la Sala Taro.

 

Por Sergio Llauger

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El 25 de octubre en la sala La Tortuga en Madrid. Tuve la oportunidad de ver el espectáculo “CRASH!”, de la compañía Teatro Crudo. Esta compañía está formada por la directora italiana Verónica Turcato y los actores Carlos Gallardo y Pilar Pingarrón. Este espectáculo me marcó tanto que para nada influye en esta entrevista que Verónica Turcato y Carlos Gallardo sean mis compañeros de piso. Aquí os dejo con dos tercios de Teatro Crudo, pues la señorita Pingarrón no pudo asistir.

 

¿Cómo nace Teatro Crudo?

Carlos: Teatro Crudo es una compañía Italoespañola. Empezamos porque estudiamos juntos en la formación de Lecoq durante dos años y acabando nuestra formación decidimos entrar en un lugar de investigación sobre el bufón contemporáneo en donde pudiéramos aplicar todo lo que llevábamos aprendido hasta el momento. Es entonces cuando Arturo Bernal nos dirigió un espectáculo que se llamó “Yo, psicópata” en el que también participaron nuestras compañeras Isabel Morales, Lucía Callen y Tiziana Cilumbriello. Estuvimos tres meses investigando el bufón para crear este espectáculo y fue gracias a este proceso que decidimos formarnos como compañía.

¿De que nos habla “CRASH!”?

Verónica: “CRASH!” nace de un proyecto de fin de curso de la Escuela Internacional de Teatro Arturo Bernal (EITAB) en el que yo quise averiguar como me encontraba en el lugar de la dirección. Yo necesitaba algo que dirigir y Carlos y Pilar necesitaban a alguien que les dirigiera el tema del que querían hablar. En este caso el tema era la rutina. Tenían desde hacía dos años la idea de hablar sobre este tema. Ahí fue cuando nos unimos y donde empezó nuestro viaje.

Carlos: “CRASH!” habla principalmente sobre los deseos y aspiraciones de una persona que está encerrada en una monotonía que no es la que quiere, pero que le han dicho que debería hacer. Él decide quedarse en esto porque le parece que es una zona segura en la que él dice estar bien. Después el tiene una serie de aspiraciones y de deseos por los que nunca llega a luchar de verdad porque son cosas que ha soñado, ha visto en películas o ha idealizado.

Verónica: Yo quiero que la gente se pregunte qué coño pasaría con su vida si realmente hicieran lo que quieren hacer. Porque “CRASH!” va directamente hacia estas personas. Las personas que no están felices con lo que están haciendo y quieren hacer otra cosa. Creo que es un trabajo muy personal. Yo dejé mi vida anterior, dejé mi trabajo de oficina y me peleé con garras y dientes para hacer lo que quiero. Queremos que la gente se pregunte que pasaría con su vida si hiciesen esto también. “CRASH!” es un espectáculo para animar a la gente a intentar hacer lo que quieren con su vida.

¿Cómo ha sido el proceso creativo?

Verónica: Este proceso fue una creación colectiva. Una suma de improvisaciones con visiones que yo tenía de algunas escenas en las que yo decía “Esto tiene que ser así”. Después ellos hicieron un trabajo más profundo de dramaturgia. Ahora hay muchos espectáculos a partir de la creación colectiva. Un lugar donde se deja más libertad a los actores, pero en el que hay que tener una visión concreta. Si no tienes una visión no se va a ningún lado. Fue muy duro porque lo estrenamos por primera vez el 27 de marzo ensayando durante dos meses una o dos horas al día todos los días. Esto nos machacó así que ahora aconsejamos a todo el mundo que haga menos ensayos, pero más largos.

Carlos: El proceso de creación colectiva fue importante porque a Verónica como directora le gusta mucho trabajar desde la verdad del actor. Desde un terreno un poco más alejado de la ficción. Trabajar con lo que tiene delante y con los actores que tiene. Esto le da un punto más de sinceridad y de metateatralidad, no se si es la mejor palabra para decirlo, en donde nosotros como actores nos sentimos muy involucrados porque estamos hablando desde nosotros. Nosotros traemos propuestas que luego Verónica las valora y que con lo que ella tiene en mente nos encamina hacia un punto en común.

Verónica: Valorad siempre la improvisación. Valorad con quien estáis y donde estáis. Porque, por ejemplo, la disposición del espacio en este espectáculo vino por un error mío. Estábamos muy bloqueados con el espacio. Teníamos un ensayo y yo no sabía que hacer por lo que no me preparé nada para la sesión. Improvisé. Cogí palos y sillas e hice como si me lo hubiera preparado. Le dije a Carlos que respirase el ambiente e improvisara con el espacio. Si quería cantar que cantase, si quería subirse a algo que se subiese, etc. Desde esta disposición fruto del error nació el espacio escénico actual. Así que valorad mucho los errores y las cosas que tengáis a mano.

¿En que tipo de teatro situaríais “CRASH!”?

Carlos: Nosotros partimos de la pedagogía Lecoq. También es verdad que en los últimos tiempos Arturo Bernal, nuestro maestro, ha estado encaminando la pedagogía Lecoq hacia un lugar mucho más contemporáneo. Empieza a introducir el simbolismo, que Lecoq nunca se atrevió a meter, la performance, el audiovisual como elemento dramatúrgico…

Verónica: Es que no existía el audiovisual en el teatro cuando estaba Lecoq. Lecoq murió hace mucho tiempo.

Carlos: Nosotros partimos del estilo del melodrama. Pero hacer un melodrama clásico en pleno siglo XXI a nosotros no nos parece interesante. Es difícil situarse en un género teatral. Nosotros le decimos tragicomedia porque mezclamos comedia con drama, pero también creemos en la mezcla de diversos lenguajes teatrales. Nos gusta trabajar con la mezcla del mimo de acción, la coreografía del movimiento, la performance, el grotesco, el texto desestructurado… Es posdrama al fin y al cabo. Es partir de un posdrama donde la historia se desvirtúa y lo importante es el tema. Todo está fragmentado. Partimos de una cosa que nosotros hemos definido como efecto glitch. Pensamos en el efecto glitch de los videos, en las interferencias, y en como traspasarlo al cuerpo. Todo lo que mostramos en escena tiene esta cosa que está cortada. Los personajes no están definidos, la historia no está definida… El tema es lo único que sujeta todo.

Verónica: Es muy dadaísta. Yo amo el dadaísmo, el surrealismo y hacer en general lo que me da la gana. Si yo tuviese que resumir lo que es “CRASH!” sería esto. Hacer lo que me apetece ¿Me apetece ir a caballo de un unicornio? Pues lo metemos y ya veremos como lo conectamos. Además el público siempre lo conecta y le da su sentido. Al público le puedes mostrar algo que no tiene historia y verás como ellos la verán igualmente.

 ¿Cuales son vuestras influencias?

Verónica: Nos gusta mucho el trabajo de compañías como Teatro en Vilo o Matarile. Puedo decirte muy claramente que es lo que no me gusta. El teatro clásico, el Siglo de Oro, La Celestina y todo el correspondiente de teatro italiano. Le tengo mucho respeto, pero no quiero hacerlo. No me gusta.

Carlos: Bebemos mucho del posdrama. De creadoras como Angélica Liddell de las estructuras dramatúrgicas de Sarah Kane donde ninguna parte tiene que ver con la otra.

Verónica: La fragmentación en las estructuras de Darren Aranofsky.

Carlos: Marta Pazos nos gusta mucho también.

Verónica: La estética de Marta Pazos nos ha influenciado mucho. Como es capaz de comunicar a partir de los colores casi tanto como con los actores. Esto es algo que en el teatro más clásico se pasa casi por encima.

Carlos: Gaspar Noé también nos ha influenciado mucho con películas como “Climax”, donde comunica muchísimas emociones con las luces o la música.

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¿Cómo es de difícil arrancar una compañía de la nada en estos tiempos de pos-crisis y/o pre-crisis?

Carlos: Muy difícil. Sobretodo en España por como está la situación. No hay ayudas suficientes para nuevos emprendedores. Esto hace que tengamos que empezar como asociación cultural. Lo cual nos das problemas porque una asociación cultural es sinónimo de aficionado. Entonces la gente ya no te ve como a un profesional. Hay que irse ganando sobretodo el mercado. Tenemos que ir hablando con salas más pequeñas. Salas que estén instauradas como asociaciones o que estén empezando. A partir de aquí ir ganando nombre y el día de mañana poder optar a mejores oportunidades.

Verónica: También hay que saber ganarse la confianza de la gente. Cuando tú estás empezando con una compañía nueva y que además viene con una obra de creación propia, tienes que venderlo de manera que a las salas les de algo de seguridad. Si nosotros intentásemos vender La Celestina seguramente nos cogerían en más sitios porque las salas sabrían a donde vamos y que hacemos, pero lo desconocido siempre da un poquito de miedo.

Carlos: Es que “CRASH!” es un espectáculo bastante punki.

Verónica: Por ahora prefiero ser pobre y hacer estas cosas que ser rica y hacer cosas aburridas.

¿Tenéis pensado que tipo de espectáculo vendrá después de este?

Carlos: Tenemos muchas ideas, pero concretarlas ya es más difícil. Yo, por ejemplo, estoy con Pilar en otro proyecto destinado a un público infantil, pero que también tiene esta estética de Teatro Crudo. Un espectáculo en el que mezclamos el mundo del títere con el lenguaje cinematográfico.

Verónica: A mi me gustaría encontrar un sitio donde poder trabajar un espectáculo sobre el miedo. Investigar como generar un miedo en el espectador y unirlo con el mundo de las raves y del tecno. Un espectáculo en el que en base a la música, el ruido y la gente generara miedo en el espectador.

¿Dónde os podremos ver próximamente?

Carlos: Todos los jueves de diciembre en la sala Azarte en Chueca a las 21:00.
Verónica: Y próximamente anunciaremos fechas en Galicia.

Por Darío Gómez

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Resumen

La industria fonográfica es un sector cultural que ha sufrido fuertes cambios en las últimas décadas debido a la aparición de Internet y sus consecuencias. El antiguo paradigma industrial basado en la venta de música en formato físico ha ido desapareciendo para dejar paso a un nuevo modelo digital caracterizado por la gratuidad del acceso a la música y nuevas prácticas asociadas, como el streaming, el crowdfunding, el music branding y la aparición de un nuevo consumidor participativo o “prosumidor” en un mercado todavía cambiante e impredecible.

 

El nuevo paradigma de mercado

La aparición de Internet y la digitalización han producido innovaciones radicales en la producción, distribución y consumo de música, que han dado lugar a la emergencia de un nuevo paradigma en la industria fonográfica (Isunza, 2016, p. 6). En el antiguo paradigma, la industria basaba su poder en el valor monetario de la música concebido como un bien privado, comercializable y protegido por derechos de autor. La aparición de la plataforma virtual Napster en 1999 supone la primera gran grieta de este modelo al permitir a los consumidores la adquisición de música gratuita (Arango, 2015).

Sin embargo, ni el antiguo paradigma ha desaparecido, ni el nuevo se ha consolidado, por lo que se considera un sector en crisis que, sin embargo, se mantiene como industria cultural de peso. En los últimos años, a pesar de la aparición minoritaria de sellos discográficos independientes, la actividad ha venido a concentrarse en manos de muy pocas empresas (Arroyo, 2014).

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Wunsch y Vickery (2005) Evolución global de las ventas de los formatos físicos.

 

Existe controversia sobre la profundidad del impacto que ha tenido la piratería en las ventas de CDs. Oberholzer-Gee (2007) determina que el impacto de la piratería es tan pequeño que es casi igual a cero aunque Arroyo (2014) lo considera como uno de los factores determinantes de su caída. Isunza (2016) reconoce que alrededor del año 2000 las discográficas achacaban a la piratería P2P la disminución de las ventas, pero existen otros factores que la explican. Se apuntan entre otros: la bajada del poder adquisitivo del público adolescente, la aparición del mercado del videojuego, estrategias fallidas de las casas discográficas y el efecto de sustitución, por el cual con la aparición del CD la gente recompraba discos que tenían en formatos de vinilo o cassette, lo cual generó la denominada “burbuja del CD”.

En España, los ingresos del mercado de música digital no han dejado de tender al alza desde su aparición en 2006. En 2016 han alcanzado una cota del 61,22% del total de las ventas de musica,  superando los 100 millones de euros de facturación y sobrepasando por primera vez al mercado físico, que facturó un 37,78% (Promusicae, 2017).

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Promusicae (2017) Comparación del mercado físico y digital en España entre 2015 y 2016.

El mercado mundial también sigue esta tendencia. Según el Global Music Report (IFPI, 2017) en el año 2016 los ingresos del mercado discográfico global han crecido un 5,9%; en el cual los ingresos del mercado digital, que ya supone el 50% de los ingresos, ha crecido un 17,7%. El total de ingresos por streaming ha crecido ese año un total de un 60,4% respecto al anterior, lo que deja muy claro que la difusión en tiempo real se está convirtiendo en la mejor opción para generar beneficios.

Según datos de la SGAE (2017) en España el streaming también es el rey, donde “el 87,3% de la recaudación por el mercado digital se obtiene del streaming, que acapara 87,53 millones de euros. Las descargas de Internet y móviles acumulan el 10,2% (10,25 millones de euros).” Los ingresos por descargas en España, igual que en el mercado global, han tendido significativamente a la baja comparando los años 2015 y 2016.

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Promusicae (2017) Evolución del mercado físico y digital en España.

 

Uno de los cambios que mayor repercusión ha tenido en este sector es el acceso gratuito a la música. Desde 2006 la industria discográfica ha acertado al apostar por la nube y monetizar el streaming, ya que los nuevos hábitos de los consumidores han transformado las antiguas lógicas del mercado. Para ello se ha incluído publicidad o se han creado modelos de ingresos freemium, en los que se fideliza al cliente dando un servicio gratuito y una opción de pago con valor añadido, como por ejemplo, la eliminación del contenido publicitario (Arango, 2015, p. 31).

La nueva cultura de consumo
El desarrollo de las tecnologías digitales supone cambios cualitativos en el sistema de producción y comercialización de música grabada: un nuevo marco de relaciones económicas y sociales definidas por la globalización e Internet (Isunza, 2016, p. 2) que han tenido un enorme impacto en la construcción de nuevas realidades culturales en todas sus dimensiones. Como explica Susana Reguillo (2011):

“La tecnología es un marcador central en las identidades juveniles y un dispositivo que
arma, forma y da sentido a su vida y a sus prácticas. En la primera década del siglo XXI, la tecnología ha mostrado ser su estrategia principal para encarar los desafíos que se les
presentan, es clave asumir que los jóvenes y las diferentes tecnologías confluyen en un carril que está generando profundos cambios. Las tecnologías en sus diferentes vertientes operan como conectores, prótesis, plataformas, catapultas, experiencia cotidiana para interactuar con el mundo.”
Las nuevas tecnologías han sido responsables del auge de la autoproducción y la autoedición, el surgimiento de nuevos soportes, formatos, vías de acceso a contenidos audiovisuales y estrategias de marketing innovadoras (Isunza, 2016, p. 3).
La capacidad participativa del entorno digital permite a los usuarios interactuar, crear y compartir contenido. La cultura participativa y la web 2.0 convierten al consumidor pasivo en un consumidor activo o prosumidor que se involucra en los procesos creativos. De este modo los artistas involucran a su público y establecen una relación emocional cercana con su fanbase (Martínez, 2017, p. 40).

Ahora, un hit no sólo puede volverse mediático a través de los canales configurados dentro de la cadena de valor planeada por la industria, si no que los prosumidores pueden determinar que un contenido concreto se vuelva viral (Buil y Hormigos, 2016).

Cabe destacar el papel del crowdfunding en este contexto de cambios, que permite a los creadores financiarse al margen de la industria discográfica tradicional por medio de la implicación económica de los fans, otorgándole a los artistas una mayor libertad creativa y control sobre su trabajo. Una estrategia de comunicación efectiva y constante a través de redes sociales es el motor principal del éxito de una campaña de crowdfunding, que bien ejecutada, reduce las barreras de entrada en la industria musical (Martínez, 2017, p. 41).

Otra de las características de este nuevo consumidor es la multiplicidad identitaria. Uno de los cambios culturales crecientes que se están produciendo en la posmodernidad es la falta de conciencia estética unitaria. Esto se expresa en una sucesión fugaz de estéticas múltiples causada por una creciente democratización de la cultura y una continua transición de modas.

Como lo expresan Buil y Hormigos (2016):

“La exposición continua a géneros y estilos que mutan cada vez con más rapidez no deja tiempo para que la música nos diga todo lo que nos quiere decir. Hoy triunfan músicas de fácil digestión y los estilos, las etiquetas y los intérpretes pasan de moda a un ritmo cada vez mayor, dejando sin lugar en el discurso social de la actual sociedad de consumo a la música más compleja, no por que carezca de calidad o porque el oído no esté capacitado para encontrar en ella comunicación e identidad, sino porque el escenario social actual no le deja sitio para que se ponga en contacto con un individuo más acostumbrado a usar la música que a apreciar el discurso musical.”

Este mercado obliga a discográficas y artistas a optar por producir músicas cada vez más accesibles, que sean llamativas a una primera impresión que enganche, favoreciendo la aparición de creaciones superficiales “de usar y tirar”. A un lado se quedan los discursos musicales más complejos, que para su subsistencia tendrían que encontrar pequeños nichos en los que puedan sobrevivir. Sin embargo, este hecho no supone una amenaza grave a la creatividad, al contrario de lo que pudiera parecer. Las nuevas condiciones obligan a artistas y productores a utilizar estrategias innovadoras que les permitan diferenciarse en un panorama cada vez más complejo en el que abunda la oferta.
La facilidad del acceso al mercado causado por la proliferación de plataformas virtuales y el auge de la autoproducción y autoedición brinda oportunidades a propuestas minoritarias que en otra época no hubieran pasado el filtro de las grandes discográficas. En el siglo XXI se atomizan las identidades, los consumidores y los nichos, aumentando la complejidad del mercado (Isunza, p. 170). Estos hechos proporcionan mayores posibilidades a propuestas innovadoras y experimentales tanto en el plano artístico  como en el marketing. El mismo entorno cambiante y revolucionario que ha supuesto Internet cataliza la aparición de novedades en otros planos, por lo que se pueden esperar más cambios imprevisibles en los próximos años.

 

Music Branding

La saturación del mercado con productos casi idénticos y el rechazo del público a la publicidad convencional lleva a las marcas a adoptar nuevas estrategias de marketing diferenciadoras. Una estrategia en auge es el music branding, que pretende aportar valor generando conexiones emocionales con el consumidor a través de la música.
Un caso paradigmático es el programa Son Estrella Galicia. Esta empresa coruñesa de cerveza se ha adaptado a los nuevos tiempos desarrollando proyectos de apoyo a la música independiente a través de los conciertos de Son Estrella Galicia, el programa de radio Oh! My Lol en la Cadena Ser y el sello discográfico Son Records, regalando música y generando una imagen de marca moderna y comprometida con la cultura, actuando como mecenas de los artistas y creando una forma de publicidad no invasiva más asimilable por el nuevo perfil de consumidor (Araujo, 2016, p. 23).
Las empresas fidelizan a sus clientes consiguiendo que puedan percibir como amiga a una marca que actúa como mecenas y promotora de eventos de su interés. De este modo, al conseguir dar la impresión de tener un compromiso desinteresado en la promoción de la cultura, consiguen una publicidad que hoy día es mucho más efectiva que el anuncio convencional.

 

Conclusión

El impacto de las nuevas tecnologías en la sociedad ha provocado un cambio revolucionario en la industria y en el modelo de consumo, generando un panorama cambiante e incierto. De este modo, no es difícil estar desorientado y más aún en la industria fonográfica, en la que la fuente de ingresos fundamental del siglo XX, la venta de música en soportes físicos, está desapareciendo a pasos agigantados. Lo que le queda ahora a la industria y a los artistas para subsistir es entender lo mejor posible a su público y el mercado, así como hacer uso de la creatividad para poder innovar y adaptarse a un nuevo medio que sigue en constante cambio, para lo que es necesaria una atención permanente enfocada en los nuevos modelos emergentes, los cambios de hábitos de consumo y las estrategias disruptivas que puede adoptar la competencia.

Por Antón Pirulero.

Para que quede claro, el objetivo de este artículo es cagarse en dios. No en el dios de la cruz y la biblia. Ese ya es historia y sólo sigue entre nosotras para disimular. Hablo del verdadero señor de todo. El Dinero, realidad de realidades, de sus numerosos templos con cajeros automáticos repartidos en nuestros barrios y de sus catedrales llamadas bolsas, donde la fe en forma de números fluctúa movida por designios inescrutables. En su nombre se destruyen selvas milenarias, bajo su ley se alzan los gobiernos, en su ausencia los pobres mueren de hambre y su abundancia permite comprar cualquier cosa.

Y sí, reconozco que soy un servidor del dinero. Yo también lo uso y estoy esclavizado a sus normas. ¿Cómo vivir si no? Precisamente porque no se puede escapar de su ley es por lo que debe ser destruido. Por mucho que sienta desprecio y odio hacia el dinero, como cualquiera he dedicado mucho tiempo a formarme para el futuro, a trabajar en curros inmundos para jefes despreciables, a pensar y pensar cómo cuadrar ingresos y gastos… ¿Qué te voy a contar, lector, si tú habrás sufrido la implacable ley del Señor, tanto o más que yo? Sin dinero, salvo respirar y hablar no se puede hacer nada, y ya empiezan a vender el aire en botes…

¿Pero qué es el Dinero? Solo dos palabras hacen falta para explicar la esencia del nuevo Dios, que es la misma que la del antiguo: Futuro y Muerte. “Si eres bueno irás al cielo. Si no, arderás en el infierno” nos decía la antigua religión, y así los nobles y reyes nos tenían sometidos, conformados con que al menos en la otra vida podríamos disfrutar del banquete celestial. La actual religión, como desarrollo del desarrollo, hace lo mismo pero mejor: ya sea un billete de cinco pavos o una acción de bolsa, poseerlo significa que podrás cambiarlo más adelante por lo que desees. ¡Con Dinero tienes Futuro! Y así, en vez de vivir como nos de la gana, de disfrutar cada momento, nos pasamos la vida haciendo cosas que no queremos para conseguir Dinero. Da igual el trabajo que sea: no lo hacemos por el placer de hacer la cosa en sí, sino por su utilidad posterior, por el Dinero que nos puede aportar. Primero estudia, luego trabaja, ahorra… ¡Lábrate un futuro! Toda la vida perdida postergando el placer, toda la vida buscando un futuro que, por definición, nunca llega. Así nos quiere el Poder, siempre trabajando, nunca disfrutando, muertos en vida, y para eso la fe en el Dinero es esencial. ¿Imagináis el día en que la gente dejara de creer en el dinero? Perdería su poder, como mucho sería papel con el que encender las estufas. Imagina tú lo que quieras, personalmente casi me parece vislumbrar el paraíso. Sin promesa de futuro no hay político, rey, jefecillo, ni abusón que pueda comprar y armar a los cobardes para someter a los débiles.

Si el Dinero toca el amor lo convierte en prostitución o en matrimonio (que es una unión económica); si toca a un joven en su mejor edad lo convierte en esclavo o asalariado; si toca un fértil valle lo convierte en tierra parcelada y sobreexplotada; si toca un pueblo feliz lo divide en palacios habitados por familias opulentas, rodeados de barriadas miserables donde el hambre acosa a los mansos y la prisión o el patíbulo a los rebeldes.

¿Y qué pasa cuando el dinero toca el arte? Lo convierte en Cultura.

Esa Cultura subvencionada con premios y presupuestos, pone arriba a los más hábiles o listos, con más o menos imparcialidad, pero siempre con una premisa: que no haga daño de verdad al régimen del Dinero. Si de verdad tu creación ataca al Estado o al Capital, si ataca la fe en el futuro, nunca será premiada ni promocionada, y por supuesto será mucho más difícil que se vea entre la balumba inmensa de arte sumiso, que prolifera como nunca antes había sucedido a lo largo de la historia.

Muchos ejemplos se pueden poner comparando dos creaciones: una, mediocre, alzada por los medios a lo más alto; frente a otra mucho mejor, pero olvidada por los medios y premios, por ser más rebelde, alegre, o en fin, poco conveniente con los valores del Poder.

Creo que la alegría es también revolucionaria. ¿Qué puede haber más subversivo que una risa inesperada, o un baile frenético? ¿Un buen polvo? No lo verás en el cine oficial. Decía Agustín García Calvo que la alegría es completamente indigerible por el Poder. Así me gusta el arte y así me sale: alegre y combativo. Justo lo contrario que el deprimente y violento cine y la música con que se nos bombardea constantemente desde los medios del Poder.

Muy a menudo me cazo pensando cuántas visitas tendrá mi blog, planeando el beneficio de la publicidad en mis juegos, fantaseando con poder vivir de mis creaciones, o ideando planes para promocionarme como creador… En esos momentos soy un siervo del Dinero, y todo lo que salga de mí será por fuerza algo sometido, muerto, inofensivo, aburrido.

Pero a veces, sólo a veces, percibo el mundo sin necesitar interpretarlo con pensamientos, me libero de cualquier objetivo personal (dejo de trabajar) y empiezo a disfrutar de veras. La alegría del ahora me posee a la vez que el futuro y el pasado dejan de tener poder sobre mí. A medida que voy entrando en trance, mis pensamientos se ralentizan o se detienen por intervalos de posesión creativa, y el placer que siento es comparable al mejor orgasmo. Ese estado de gracia, ese éxtasis creativo, tan escaso como deseado por artistas de todas las épocas, surge desde un estado de no pensamiento. Paradójicamente los resultados son mucho mejores (menos mediocres) que cuando mi mente tiene el control todo el tiempo. Los pensamientos nos alejan del ahora, se lamentan por el pasado o se preocupan del futuro. ¿Para crear arte verdaderamente revolucionario, contrario al Dinero-Futuro, habrá que provocar un estado de no pensamiento en el receptor? ¿Y eso cómo se hace? Si tu sabes cómo se hace, por favor, dímelo. O mejor aún, solo detén mis pensamientos.

 

Por Armando Guerreiro

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Grandes zurullos que nos alegran la vida, películas tan asquerosas que nos da vergüenza decir que nos gustan y que nos hacen felices en secreto. No voy a dar nombres para no sembrar la polémica pero hay verdaderos tesoros recubiertos de caca esperando para darte amor. Todos escuchamos alguna vez lo típico de “no, es que lo mío es el cine de autor”. Claro, bien. Pero bueno, no todos los días son para comer sano, colega. La basura nutre partes del cerebro escondidas de las que nadie se acuerda. Son películas que podría haber guionizado un mono con peluca, interpretadas por actores que no vas a volver a ver en tu vida. Cine con la única pretensión de rellenar huecos en la televisión. Encontrar una peli de éstas y que te haga vibrar es como que te toque el billete dorado de Willy Wonka. No te lo esperabas, nunca hubieses dado un duro por ella pero, finalmente, parece que alguien la hizo especialmente para ti. Profetas mormones yankis muy pedófilos, vecinos mala sombra, amantes desquiciados, Indianas Jones de garrafón… Yo qué sé, basura en general, bazofia de la buena. Todos tenemos alguna película asquerosa hecha a nuestra medida. ¡Vivan las películas de mierda!

Por Carlos Sastre

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Hubo un tiempo, hace ya unos años, en que me dio por aprender sobre desarrollo, intentando entender por qué algunas sociedades prosperan mientras otras parecen abocadas al perpetuo fracaso. Para ser sincero, no saqué demasiado en claro, pero por el camino me topé con el maravilloso mundo de las utópías y distopías. Un ejercicio de ficción en el que se presenta la mejor y la peor sociedad imaginable. Aunque hace ya un tiempo que abandoné esos géneros, sigo encontrando algo fascinante en esos futuribles de pesadilla y esos presentes idealizados. Por mis manos pasaron clásicos de la distopía como 1984 de George Orwell, o Un mundo feliz de Aldous Huxley. También alguna ucronía, como El hombre en el castillo (donde la premisa es que el Eje ganó la guerra mundial y el territorio estadounidense se ha repartido entre Alemania y Japón).

Y también me topé con La Isla, una obra menos célebre (o eso creo) de Aldous Huxley. Se trata de su última publicación en vida y la culminación de su pensamiento acerca del devenir de la modernidad. Si Un mundo feliz nos presenta una sociedad decadente y banal, La Isla trata de una utopía imposible. El imaginario reino de Pala es un territorio insular situado en algún lugar de la Polinesia, que camina ajeno a la vorágine del crecimiento económico de posguerra. En su lugar, la política nacional está dedicada a permitir a cada individuo su autorrealización, en una sociedad regida por un pastiche a caballo entre el espiritualismo budista y el anti-materialismo. Una espiritualidad cuya exploración se incentiva a través del consumo de alucinógenos (Huxley era un ávido consumidor de LSD y otras drogas como el peyote, y escribió sobre ello en “Las puertas de la percepción”). Este uso de las drogas para el autoconocimiento contrasta con el fin alienante que tenía el soma, la droga de control social distribuida en Un mundo feliz.

Acechada por poderosas potencias continentales que anhelan sus recursos (Pala cuenta con grandes reservas de petróleo), la isla ha elegido voluntariamente detener su industrialización, tomando solamente aquellos elementos de la modernidad que le resultan convenientes, y desechando el resto (utilizan, por ejemplo, los últimos avances en medicina y nutrición). En palabras de uno de los protagonistas de la novela Robert MacPhail: “Elegimos adaptar la economía y la tecnología al ser humano, y no al revés”. En este sentido, la sociedad ha elegido, asimismo, controlar la natalidad, a través de la distribución de anticonceptivos de uso voluntario, para adaptar su crecimiento a la disponibilidad de sus recursos. Practican también un tipo de eugenesia, aplicando la inseminación artificial para seleccionar los mejores genes de la isla y mejorar las capacidades de las nuevas generaciones. Algo parecido ocurría ya también en Un mundo feliz, pero con un cariz más oscuro. La concepción se realizaba en laboratorios, eliminando cualquier cariz afectivo y seleccionando los genes de los individuos más estúpidos y enfermizos. El objetivo: crear seres humanos de corta vida, reemplazables y sin más inquietud que la búsqueda del placer.

Igual que en la distopía de Huxley, el concepto tradicional de familia también se difumina en Pala. Pero en vez de buscar la eliminación del individuo, la sociedad de Pala busca reafirmarlo dentro de una sociedad estructurada en torno a la comunidad. Así, se anima a los hijos a abandonar la unidad familiar, airearse de las manías de sus padres y convivir durante un tiempo con otras realidades. Esto, a la postre, acaba forjando vínculos sociales más sólidos en toda la isla.

Si Huxley daba rienda suelta en Un mundo feliz a sus peores augurios sobre el futuro, La Isla ofrece una alternativa que combina lo mejor de occidente y oriente. Una propuesta autárquica con elementos probablemente salidos de episodios alucinógenos del autor. Con todo, una lectura muy interesante, contrapunto perfecto para todo el que ya haya leído Un mundo feliz.

Por Jorge Casas

Nota: este artículo no tenía pensado ser escrito, pero por algún lado tenía que salir.

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Me llamo Jorge Casas Estévez y tengo veintiocho años. También soy idiota. Tan
idiota como para que después de dos días de documentación y redacción haya
decidido borrar un artículo y escribir otro para dar la murga. Y todo porque me
siento viejo. Me acerco a los treinta años y cada vez cuesta más echar la vista hacia
atrás. Pero al mismo tiempo sigo teniendo mucho futuro por delante y me siento
confuso.

En un post anterior, mi compañero Sergio Llauger explicaba como repasar su
filmoteca le servía para despertar emociones. Tras leerlo, reflexioné acerca de mis
preferencias artísticas y su razón. Concluí que muchas de mis experiencias como
consumidor y espectador dependen de mi estado de emoción y capacidad de
identificación. Si me gustó aquel concierto de Bob Dylan en el Ifevi fue porque
acudí con la chica que me gustaba y nos abrazamos escuchando Like a Rolling
Stone. Si prefiero a Spiderman que a Batman es porque me identifico más con un
chaval que pasa apuros en el instituto que con un millonario psicópata.

Mi artículo inicial trataba sobre Stone Juction y como reventaba las normas de la
novela de formación. Éste género, que trata sobre la evolución y formación de un
personaje, nace oficialmente con Los Años de Aprendizaje de Wilhelm Master, de
Wolfgang Goethe pero no es difícil ver embriones en la novela picaresca o algunos
mitos griegos. A día de hoy es la columna vertebral de la narración de historias.
Pensad en sagas juveniles como Los Juegos del Hambre o Harry Potter. Seguimos
consumiendo el mismo modelo de historias milenio tras milenio y es porque no
hemos cambiado nada. Seguimos siendo monos confusos buscando calor, tan solo
que esta vez pantallas y no en hogueras.

En el inicio del artículo os comenté que me sentía viejo. Pero me siento viejo en
términos temporales. En mi fuero interno, sigo teniendo las mismas
preocupaciones y emociones que en secundaria. No me preocupa suspender un
examen, pero sí alcanzar el mínimo de ventas en mi trabajo. Las paredes de mi
intestino siguen sonando igual al cagarme de miedo y ansiedad. Y por lo mismo
sigo teniendo miedo al futuro. No me preocupa no llegar a la universidad, pero sí no
poder pagar el alquiler. Heráclito se equivocó. Nada cambia, todo permanece.

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